Igualada — Parte 2: Murallas, conflicto medieval y el despertar del Rec
Tras la consolidación de la villa-mercat, la dinámica urbana de Igualada exigió medidas defensivas. La creciente prosperidad atrajo tanto comercio como riesgo: bandolerismo, asaltos y tensiones políticas. Fue en ese contexto que la ciudad formalizó su recinto amurallado, una infraestructura que condicionó su crecimiento durante siglos.
1. Consolidación del recinto amurallado
Del siglo XV en adelante la ciudad construyó un sistema de murallas con varios portales (en su apogeo se habla de hasta nueve). Estos portales —Portal d'en Vives, Portal de la Font Major, Portal de Sant Miquel— actuaban como puntos de control del tráfico comercial pero también como símbolos de soberanía municipal. Arqueología y documentos conservados han permitido identificar viviendas antiguas junto a estos accesos, algunas con instalaciones productivas (lagares, bodegas) que nos hablan de la vida económica preindustrial.
2. La Guerra Civil Catalana (1462–1472) y la demolición de fortalezas
La Guerra Civil Catalana hundió sus raíces en las rivalidades entre la monarquía y las instituciones catalanas. Igualada, alineada con la Diputación del General, sufrió episodios de violencia y de conflicto con los señoríos locales. En 1463 se ordenó la demolición de los castillos de Òdena y Claramunt, un acto con fuerte carga política: liberar las rutas de comercio de los asaltos de los señores feudales, y al mismo tiempo afirmar la capacidad municipal para exigir justicia y seguridad.
La demolición no fue una acción militar aislada sino una obra colectiva con costes repartidos entre Igualada y municipios próximos —una imagen de la comunidad que se transforma en actor político y económico en la región.
3. La Basílica de Santa María: centro espiritual y memoria
Paralela a la dinámica mercantil, la Basílica de Santa María actúa como centro espiritual y depósito de memoria colectiva. Sus diversas fases constructivas, con elementos que llegan hasta el siglo XVII y reformas posteriores, la convierten en un palimpsesto arquitectónico. La iglesia no sólo cumplía funciones litúrgicas: era archivo, con lápidas y recuerdos de hitos locales, y un soporte para la identidad ciudadana.
4. Economía preindustrial y los oficios ligados al Rec
Junto al crecimiento urbano se consolida una economía de oficios: curtidores, albañiles, molineros, viticultores. Las instalaciones domésticas conservadas —lagares y bodegas— nos recuerdan que la base económica seguía siendo agraria y artesanal, aunque tendiendo hacia formas de organización productiva que más tarde evolucionarán hacia la fábrica.
5. Legado y traza urbana
La huella medieval se observa hoy en el parcelario, en las plazas que funcionaron como centros de intercambio y en los restos de la muralla. Esa etapa define pautas de crecimiento, pautas sociales y conflictos que marcarán los siglos siguientes: la tensión entre órdenes señoriales y autonomía urbana, la dependencia de los recursos hídricos y la vocación por el intercambio.
Continuaremos en la siguiente entrega con el tránsito hacia la modernidad: siglo XVIII, Guerra de Sucesión, ilustración local y los primeros pasos de la industria adobera. Fuente: “Historia de Igualada: Acontecimientos Clave”. 1

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