Capítulo 2: El Barrio del Rec, la Piel y el Renacer del Patrimonio
Descubre el latido industrial de Igualada paseando junto a la acequia medieval, donde las antiguas curtidurías de piedra se funden hoy con la alta costura y las tendencias más vanguardistas.
La Acequia que Engendró un Imperio de Cuero
El alma indiscutible del patrimonio igualadino reside en el Barrio del Rec, un ecosistema urbano articulado alrededor del "carrer del Rec" y de la acequia (el rec, en catalán) que discurre por la zona sur de la ciudad, frente al río Anoia [1, 2]. Este canal de agua, documentado ya en el siglo XII y citado en textos históricos del año 1212, servía inicialmente para abastecer huertos y accionar la maquinaria del antiguo Molí de l'Abadia [1].
Sin embargo, esta primitiva obra de ingeniería hidráulica fue la que permitió que, a partir del siglo XIV, comenzara a instalarse en la zona una incipiente e innovadora actividad de tejedores de lana y curtidores de piel [1]. El gran salto se dio hacia finales del siglo XVIII, cuando la ciudad se expandió y comenzaron a construirse las nuevas curtidurías fuera de los límites de las antiguas murallas, transformando para siempre el paisaje de la ciudad [3]. En su época de mayor plenitud, durante el siglo XIX, el barrio llegó a concentrar más de 300 curtidurías e industrias de subproductos de la piel [4].
Musealización: Cal Granotes y Cal Boyer
Para salvaguardar la memoria de este esplendor fabril, nació el Museo de la Piel de Igualada y Comarcal de la Anoia. Concebido en el año 1954, tiene el honor de ser uno de los primeros museos monográficos dedicados a la piel en toda Europa [5, 6]. Este museo articula su discurso a través de dos joyas arquitectónicas del barrio:
- Cal Granotes: Es una auténtica curtiduría preindustrial erigida en el siglo XVIII, concretamente hacia 1763, siendo una de las más antiguas de Europa que aún se conservan [7, 8]. Este edificio muestra a la perfección el antiguo sistema de curtido vegetal de piel gruesa (especialmente de bovino para suelas de zapatos), manteniendo sus dos plantas funcionales intactas [8]. En la planta baja o ribera se realizaba la preparación y el adobo de las pieles en sus singulares hoyos de piedra, mientras que el piso superior servía de tendedero, donde los cueros perdían la humedad colgados en barras de madera [8-10].
- Cal Boyer: También conocida como "Vapor Nou", es una antigua fábrica textil algodonera construida a finales del siglo XIX (1897) [9, 11, 12]. El edificio es un magnífico exponente de la arquitectura industrial manchesteriana, conservando sus columnas de hierro colado en la planta baja, encavalladas de madera en la superior y una altiva chimenea de ladrillo [11, 12].
El Igualada Leather Cluster: Proveedores del Lujo
Aunque el siglo XX trajo consigo una lenta decadencia que dejó muchas de estas inmensas fábricas desocupadas, la industria curtidora igualadina demostró una capacidad de supervivencia excepcional [4]. Actualmente, el barrio del Rec mantiene unas 28 a 30 fábricas en activo, lo que sigue suponiendo la mayor concentración de tenerías de toda la península [2, 4].
La clave de esta resiliencia ha sido la especialización y la agrupación en el Igualada Leather Cluster [4, 13]. Con sede en La Bella, una imponente tenería de 1913 rehabilitada para este fin, el clúster ha orientado la producción hacia la máxima calidad y la sostenibilidad medioambiental [13, 14]. Dejando atrás la producción masiva, hoy de Igualada salen las exclusivas pieles que utilizan gigantes del lujo internacional de la talla de Hermès, Loewe, Gucci y Fendi, trabajando incluso con exóticas pieles de pescados rusos [14].
Rec.0: La Revolución de la Moda Efímera
¿Qué hacer con las maravillosas fábricas del siglo XIX que quedaron vacías? Igualada encontró una respuesta brillante que revolucionó el panorama nacional: el Rec.0 Experimental Stores [15]. Dos veces al año, en primavera y otoño, el viejo barrio experimenta una transformación efímera sin precedentes [16].
Durante cuatro intensos días, las decrépitas curtidurías y los viejos talleres abren sus puertas convertidos en pop-up stores (tiendas temporales) [16, 17]. Decenas de marcas de prestigio y diseñadores de vanguardia (como Antonio Miró, Custo, Castañer o Pepe Jeans) venden prendas de stock y muestrarios a precios de auténtica ganga [15-17]. Pero no es solo ir de compras; la ciudad se viste de fiesta combinando el patrimonio con música en directo, street food y una atmósfera vibrante que le devuelve al barrio toda la vida que nunca debió perder [15-17].